La inteligencia artificial ya está en las aulas universitarias de América Latina, pero llegó más rápido que las reglas para usarla. Esa es la conclusión principal de un nuevo estudio del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), presentado durante la Semana del Aprendizaje Digital 2026 en París, que retrata cómo las instituciones de la región están incorporando esta tecnología y dónde están sus principales vacíos.

Los números muestran un contraste que atraviesa todo el informe: el 87% de las instituciones encuestadas usa la IA de alguna manera, pero solo el 26% cuenta con una estrategia formal para gestionarla. En otras palabras, la adopción ocurre a gran velocidad, mientras que la planificación, la gobernanza y la evaluación avanzan a un ritmo mucho menor.

Cómo se hizo el estudio

La investigación consultó a 200 instituciones de educación superior de 19 países de América Latina y el Caribe, con el apoyo del Instituto para el Avance de la Sostenibilidad de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-IAS). El objetivo fue medir tres cosas: en qué medida las universidades usan IA, para qué la usan y qué estructuras han creado para gobernarla.

Que la encuesta abarque casi una veintena de países la vuelve una de las fotografías regionales más completas hasta la fecha, en un momento en el que buena parte de la conversación sobre IA en educación se apoya en experiencias de Estados Unidos o Europa.

Los principales hallazgos

El 74% de las instituciones utiliza la inteligencia artificial en enseñanza y aprendizaje, y el 57% la aplica en investigación. La docencia, por tanto, lidera el uso, un dato que refleja cómo los profesores y los estudiantes han incorporado herramientas de IA generativa a tareas cotidianas como preparar clases, resumir textos, redactar borradores o resolver ejercicios.

El estudio identifica, sin embargo, un patrón preocupante: la adopción suele estar impulsada por docentes o investigadores a título individual, no por decisiones institucionales. Esto significa que en una misma universidad pueden convivir aulas donde la IA se integra de forma reflexiva y otras donde está prohibida o se usa sin criterios claros, lo que genera desigualdad entre estudiantes y dificulta evaluar los resultados.

Entre las carencias más señaladas aparecen las políticas institucionales, las estructuras de gobernanza específicas y los mecanismos de monitoreo y evaluación. Sin ellos, las universidades difícilmente pueden responder preguntas básicas: qué herramientas se usan, con qué datos, con qué resultados de aprendizaje y con qué riesgos para la integridad académica.

La brecha entre universidades públicas y privadas

Uno de los hallazgos más relevantes tiene que ver con los recursos. Las universidades privadas muestran mayor capacidad para planificar estratégicamente, capacitar a su personal y crear estructuras de gobernanza, mientras que las públicas enfrentan restricciones presupuestarias que limitan su avance hacia una supervisión formal.

La consecuencia es una nueva forma de desigualdad digital: no se trata solo de acceso a internet o a computadoras, sino de la capacidad de las instituciones para incorporar la IA con criterio, formar a sus docentes y proteger a sus estudiantes. Dado el peso que tienen las universidades públicas en la formación de profesionales de la región, esa brecha puede afectar a un gran número de estudiantes.

Recomendaciones para universidades y gobiernos

El documento propone medidas concretas. Para las instituciones, la principal es incorporar la alfabetización en IA como una competencia de egreso, es decir, que todo graduado, sin importar su carrera, sepa usar estas herramientas, entender sus límites y evaluar sus resultados. También plantea crear estructuras de gobernanza dedicadas que definan reglas, responsabilidades y mecanismos de seguimiento.

Para los gobiernos, el estudio sugiere integrar la educación superior en las estrategias nacionales de inteligencia artificial y desarrollar orientaciones claras sobre integridad académica. Este último punto es especialmente sensible: cuando cualquier estudiante puede generar un ensayo en segundos, las universidades necesitan redefinir qué evalúan y cómo lo hacen.

El contexto: una semana de debate global sobre IA y educación

El estudio se presentó en el marco de la Semana del Aprendizaje Digital de la UNESCO, celebrada en París del 8 al 11 de septiembre, que reunió a más de 1,500 participantes de forma presencial y a miles en línea, con la presencia de más de 25 ministros de educación. Allí se adoptó una declaración ministerial que plantea ocho prioridades, entre ellas proteger el desarrollo del pensamiento crítico, fortalecer la autonomía docente mediante formación profesional, promover una IA apropiada para cada edad, gobernar los datos educativos en interés público y calcular los costos totales antes de adoptar sistemas.

Durante los debates se citaron cifras que ayudan a entender la inquietud. El 93% de los académicos consultados cree que los estudiantes utilizan IA generativa, y el 63% percibe un deterioro en las capacidades cognitivas de sus alumnos. La subdirectora general de Educación de la UNESCO, Qun Chen, resumió la preocupación al advertir que el aprendizaje no se favorece cuando la IA reemplaza las relaciones humanas y el criterio profesional. La próxima edición de este encuentro se realizará en marzo de 2027.

Qué significa para estudiantes y docentes

Para un estudiante universitario, el mensaje del informe es doble. Por un lado, dominar herramientas de IA será cada vez más una ventaja profesional, y las universidades que lo entiendan formarán a sus alumnos con esa capacidad. Por otro, la falta de reglas claras implica que cada estudiante debería informarse sobre las políticas de su institución, pues lo que es aceptable en una asignatura puede considerarse deshonestidad académica en otra.

Para los docentes, el reto es aún mayor: repensar las evaluaciones, incorporar la IA como herramienta sin renunciar al pensamiento crítico y, a la vez, exigir a sus universidades formación y recursos. Como muestra el estudio, quienes hoy lideran la adopción son en gran medida profesores que se han formado por cuenta propia.

Lo que viene

La conclusión del estudio no es que las universidades latinoamericanas deban frenar el uso de la inteligencia artificial, sino que necesitan ordenarlo. Con casi nueve de cada diez instituciones ya involucradas, la discusión pasó de si se debe usar la IA a cómo hacerlo de forma responsable, equitativa y con resultados medibles. Para los gobiernos y las universidades, la ventana para construir esas reglas está abierta, pero cada semestre que pasa sin ellas amplía la distancia entre quienes usan estas herramientas con criterio y quienes las usan sin guía.

Las cifras de esta nota provienen del estudio presentado por la UNESCO IESALC y de los materiales de la Semana del Aprendizaje Digital 2026; se recomienda consultar el informe completo para conocer la metodología y los resultados por país.