Los proyectos reconocidos con el Premio UNESCO Confucio de Alfabetización 2026 proceden de Líbano, México y Tailandia y trabajan respectivamente con jóvenes desplazados, comunidades indígenas y poblaciones multilingües expuestas a desastres.

La ceremonia correspondiente a la edición número 21 se realizó el 28 de septiembre en Qufu, China, y UNESCO difundió ahora los detalles de los proyectos premiados.

Líbano acelera el aprendizaje de jóvenes fuera de la escuela

El Alsama Project de Líbano fue reconocido por su programa de educación acelerada para jóvenes desplazados que se encuentran fuera del sistema escolar.

Muchos participantes tienen conocimientos limitados de lectura y escritura o han pasado periodos prolongados sin recibir educación formal.

El programa combina enseñanza presencial y aprendizaje digital. 

También integra alfabetización, matemáticas, idiomas y habilidades para la vida.

La intención es proporcionar un camino educativo más rápido para estudiantes que, por edad o circunstancias, difícilmente podrían reintegrarse mediante un programa convencional.

Educación en contextos de desplazamiento

Las crisis humanitarias generan uno de los desafíos educativos más complejos.

Cuando una familia debe abandonar su hogar, la escuela puede quedar interrumpida durante meses o años.

Los estudiantes pueden llegar posteriormente a otra comunidad sin documentos, con diferencias curriculares o hablando otro idioma.

Un programa acelerado intenta recuperar parte de ese tiempo.

Pero el objetivo no consiste únicamente en avanzar rápidamente por un libro.

Los estudiantes también necesitan habilidades lingüísticas, sociales y prácticas que les permitan adaptarse a nuevas circunstancias.

El modelo libanés refleja esa necesidad.

Chiapas Puede representa a México

En México, el reconocimiento fue otorgado al programa estatal Chiapas Puede.

La iniciativa desarrolla oportunidades de alfabetización bilingüe y culturalmente adaptadas, especialmente para comunidades históricamente marginadas y pueblos indígenas.

Chiapas posee una importante diversidad lingüística.

Por ello, utilizar únicamente un enfoque educativo uniforme puede excluir precisamente a las personas que más necesitan acceso a programas de alfabetización.

La estrategia incorpora educadores, voluntarios y grupos comunitarios para llevar oportunidades de aprendizaje a diferentes zonas del estado.

La lengua materna importa para aprender

La experiencia mexicana pone atención sobre un principio educativo fundamental.

Una persona adulta puede tener enorme conocimiento sobre agricultura, comercio, comunidad o vida cotidiana y, al mismo tiempo, no dominar la lectura en español.

Eso no significa que carezca de conocimientos.

Significa que el programa educativo debe reconocer su idioma y contexto.

Los modelos bilingües pueden crear un puente entre la lengua que una persona utiliza diariamente y el idioma empleado en instituciones, documentos y servicios.

Esto facilita que alfabetizarse tenga una utilidad inmediata.

Tailandia une idiomas y prevención de desastres

La tercera iniciativa ganadora procede de Hat Yai, Tailandia.

El programa “Language for Life” utiliza alfabetización multilingüe como herramienta para comunicación y resiliencia comunitaria.

Trabaja con tailandés, inglés, malayo y chino. 

Uno de sus aspectos más innovadores es relacionar el aprendizaje con preparación frente a desastres.

Comprender una advertencia, una ruta de evacuación o instrucciones de emergencia puede convertirse literalmente en una cuestión de seguridad.

La alfabetización adquiere así una función que va más allá de la escuela.

Tres proyectos y tres desafíos diferentes

Los ganadores permiten observar que el analfabetismo no tiene una sola causa.

En Líbano, una parte del problema está relacionada con desplazamiento y pérdida de acceso a educación.

En Chiapas aparece la combinación de pobreza, distancia geográfica, desigualdad histórica y diversidad lingüística.

En Tailandia, el aprendizaje se conecta con comunicación entre comunidades y preparación ante emergencias.

Por ello, una única solución educativa difícilmente funcionaría en todos los lugares.

Los tres programas adaptaron su metodología a las necesidades de sus estudiantes.

Cada ganador recibirá 30,000 dólares

El Premio UNESCO Confucio de Alfabetización fue creado en 2005 con apoyo del Gobierno de China.

Reconoce especialmente programas de alfabetización funcional, educación para adultos, juventud fuera de la escuela y utilización de tecnología.

Cada uno de los tres ganadores recibe una medalla, un diploma y 30,000 dólares. 

Los recursos pueden contribuir a ampliar iniciativas, capacitar más educadores y mejorar materiales.

Pero el reconocimiento internacional también tiene otro valor: permitir que otros gobiernos y organizaciones conozcan experiencias que pueden adaptarse.

Alfabetización en una era digital

Aprender a leer continúa siendo una de las bases del desarrollo personal, incluso cuando gran parte de la vida cotidiana ocurre en pantallas.

De hecho, la digitalización puede aumentar la importancia de estas habilidades.

Solicitar un empleo, realizar un trámite, utilizar banca electrónica, interpretar información médica o comprobar si una noticia es confiable requiere comprender textos.

Por eso alfabetización y alfabetización digital están cada vez más conectadas.

Una persona que no puede interpretar instrucciones escritas queda excluida de una parte creciente de los servicios modernos.

Una habilidad que transforma oportunidades

Los proyectos premiados por UNESCO comparten un mensaje importante: enseñar a leer y escribir resulta más efectivo cuando el aprendizaje se conecta con la realidad cotidiana.

Para una persona desplazada puede significar reconstruir su trayectoria educativa.

Para una comunidad indígena, aprender respetando su lengua puede facilitar participación sin perder identidad.

Para una región expuesta a desastres, comprender varios idiomas puede mejorar la seguridad.

En todos los casos, alfabetizar significa ampliar opciones.

Y esa es probablemente la principal lección de los programas reconocidos en 2026: la educación funciona mejor cuando parte de la vida de las personas, no cuando obliga a las personas a adaptarse a un único modelo educativo.